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Impotencia

Por Alexa Torres

¿Cuándo la responsabilidad social pasó de ser un privilegio para convertirse en una responsabilidad…?

Es una consigna que me recordó muchas de las cosas que la sociedad a escuchado y visto, pero no ha hecho nada; aparentemente las personas olvidan rápidamente lo que pasa y, ya no sé con quién estoy más molesta, sí con el gobierno o con la sociedad en general, porque de ella salen los peores juicios que desacreditan por completo lo más importante de un hecho de injusticia.

   La gran mayoría tienen una moral selectiva, en donde prefieren resaltar esas noticias que sustentan los valores supuestamente colectivos, que apoyar aquellas en donde un juzgado afirma que la agravante del caso es abuso y no violación, porque nunca se encontró evidencia que sustentara dicho informe, pese a los vídeos, comentarios e infinidad de publicaciones y notas que se generaron durante; lo peor de esto es el castigo social al que someten a la víctima, de nuevo los victimarios son inocentes y piden respeto a su “intimidad”, los jueces se alarman por las represarías de las que pueden ser acreedor al cumplir con su trabajo, pues según lo ven no cometieron ningún error, más que seguir la “ley”, esa que ampara y protege a cierto tipo de personas bajo selectivos estándares sociales, económicos y políticos.

De nuevo se nos olvida nuestra obligación social y, es tan fácil comentar que la culpable es ella por estar sola en la calle, por ir caminando sola por la calle, por beber, por no estar en casa, por vestir como vestía, por estar en ese tipo de eventos, por no ser una señorita de bien, por creer que puede estar sola, por creer que no le pasará nada, por andar de feminista, por sentirse autosuficiente, por pensar que es intocable y las más de mil razones que son fáciles de comentar que el sumarte a las voces que piden y reclaman que se cumpla justicia, verdadera justicia.

Cuando el gobierno prefiere crear una historia a la que etiqueta de “verdad absoluta”, en lugar de castigar a aquellos que ejercen su poder para desaparecer de forma forzada a una persona o asesinarla, no sé si estoy viendo una novela o leyendo una historia de fantasía, en la que pocos observamos el truco bajo el cual quiere esconder su falta de compromiso con su pueblo.

Me aterra saber que estudiantes que salen a realizar sus actividades académicas puedan desaparecer sin importancia alguna y que días después se informe que no se tiene noticias de donde puedan estar como les paso a Marco, Daniel y Javier, estudiantes de Cine de la Universidad de Medios Audiovisuales CAAV, y que en su lugar se creen comentarios como: “andaba metido en drogas…” “de seguro fue por desmadroso…” “qué hacía en un lugar así…” “disque andaba estudiando, pero de seguro estaba haciendo otras cosas…” o como lo que pasó cuando mataron a Karina González estudiante de CUCSH “fue porque era buchona…” “por infiel ha de haber sido…” o con Ulises Arellano estudiante de CUCS “eso le paso por  homesexual…” “qué bueno, un gay menos en el mundo…” “por torcido…”; entonces es más importante la supuesta “historia oficial” que el gobierno y la sociedad usan para justificar la muerte y desaparición  de una persona, que proteger a nuestros jóvenes.

En qué momento el país se volvió una amenaza, en dónde salir de casa a realizar tus actividades estudiantiles y personales sean juzgadas por la sociedad, porque es muy fácil que todos juzguen ante lo que haces y dejas de hacer, que exigir justicia, igualdad, solidaridad, equidad… En verdad es más fácil comentar ante lo que desconoces, con argumentos huecos porque claro cómo pueden ellos contar su versión de los hechos cuando ahora están muertos.

No podemos seguir permitiendo este tipo de desapariciones forzadas, exijamos a las autoridades respuesta, porque en lugar de pensar que algún día esto puede pasarte a ti o alguien cercano, debemos entender que estos son actos que también nos apresan y nos mantienen con miedo, que nuestra apatía o indiferencia es lo que buscan para mantenernos aislados, callados, ausentes, oprimidos, atemorizados o distraídos; el no alzar la voz o involucrarte no es protección, es miedo.

Estoy cansada de que la gente lance una piedra y esconda la mano, de que prefiera voltear a ver la tv que empatizar con aquellos que luchan por el bien común, porque es más importante ver el siguiente capítulo de esa novela o serie, los partidos de futbol, las peleas, etc., para qué leer y crear tu propio criterio quitándote la venda de los ojos, sí es más cómodo cotillear, o ser lo máximo por tu celular de ultimo generación que cargas a cada rato porque estas muy al pendiente de lo que comentan tus “amigos” o la nueva foto que subió, o el tweet que compartió. Claro todo eso sí es necesario porque son cosas que se necesitan, o ¡¿NO?!

¿Hasta cuándo como sociedad vamos a seguir justificando los crímenes? ¿Cuánto más vamos a permitir que nos quite el gobierno? ¿Por qué pesamos que tenemos el derecho de juzgar al otro? ¿Cómo es posible que sigamos permitiendo actos homofóbicos, clasistas, sexistas, de desigualdad social…?

Fotografías por: Isabela Hernández.

 

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